Peregrino, supervivencia lovecraftiana en un inquietante bosque.
El pasado 6 de marzo se puso a la venta Peregrino, el nuevo juego de supervivencia con vista isométrica desarrollado en Valencia por Inverge Studios. El estudio nos facilitó una clave para poder probarlo, así que vamos a comentarlo a fondo.

El juego nos lleva a un oscuro bosque en el que controlaremos a un hombre que deberá sobrevivir a toda clase de peligros. Para empezar, nos encontraremos en el campamento. Allí tendremos un banco de trabajo en el que fabricar objetos y herramientas como flechas, hachas o cuchillos, entre otros, una mesa de planos con la que podremos conseguir mejoras para el campamento que nos ayudarán a avanzar con mejor equipo, un procesador con el que extraer materiales de algunos objetos, una fogata que será vital para cocinar alimentos y un baúl que sirve como almacén.
Además, también tendremos una campana de extracción, que nos permite guardar la partida o viajar de forma rápida a otras campanas, la caravana donde podremos dormir y se guardará el progreso, y cinco sellos sagrados que deberemos recolectar para completar el altar de devoción.
Nuestro personaje tiene varios medidores de los que tendremos que estar pendientes, uno para salud, otro para el hambre y un último para la fe. Es importante estar atento a este último, ya que si nuestro personaje pierde la fe estará condenado. Se puede recuperar la fe leyendo algunos documentos que encontramos por el mapa o con algunos objetos que se obtienen de los enemigos humanos. La comida no solo nos sirve para mantener el medidor de hambre a raya, sino que algunos platos cocinados nos darán bufos que son realmente útiles a la hora de combatir y otros nos darán alguna mejora, pero por otro lado nos perjudicarán con algún efecto. Para recuperar salud, podemos dormir o utilizar algunos elixires que se pueden encontrar explorando o craftearlos en nuestro campamento una vez que consigamos la destilería en la mesa de planos.

Durante la exploración se mantiene la tensión; al principio vamos prácticamente a ciegas y vamos descubriendo el mapa mientras avanzamos por las instancias, aunque se puede desbloquear el mapa al completo si encuentras los telescopios. El tiempo es oro mientras exploras y acciones como talar un árbol, desollar un animal, cavar, minar o cosechar plantas consumen tiempo mientras resolvemos los minijuegos de precisión por los que hay que pasar para conseguir los objetos. Encontrarte con enemigos o que se haga de noche puede suponer el fin, por lo que la sensación de liberación que se siente al encontrar una campana de extracción es muy satisfactoria. Estas campanas no solo nos permiten viajar de forma instantánea al campamento, también nos dan la posibilidad de enviar todos los objetos que llevamos al baúl y guardar la partida, cosa que hace el juego más llevadero. También es posible encontrarse con otros humanos amigables (o al menos eso parece) que nos encomendarán misiones a cambio de ciertas recompensas.
El inventario es similar al de otros survival; disponemos de una cuadrícula en la que hemos de distribuir los objetos como si de un tetris se tratase. Podemos mejorar la capacidad construyendo mejoras de equipo en el telar, aunque, gracias a la mecánica de descargar la mochila en las campanas, no llega a sentirse como algo frustrante. Eso sí, en mi partida he hecho más viajes de los que me gustaría admitir para asegurar los objetos y sentirme seguro al avanzar.

En lo que respecta al combate, personalmente me ha resultado relativamente exigente. Los controles están bien, controlamos la dirección con WASD y apuntamos y atacamos con el ratón, pero los enemigos la mayoría de las veces son más rápidos y pegan duro, lo más rentable suele ser usar el arco y buscar altura o una posición ventajosa al menos al inicio. En mi partida me han pillado algunas veces por sorpresa, sobre todo otros humanos que te asaltan sin preguntar, aunque si prestas atención al sonido, puedes adelantarte a la situación. Además de los enemigos, podemos cazar conejos que nos dejarán su carne y piel como trofeo, siendo animales inofensivos que simplemente huyen de nosotros.
Todo esto es durante el día, al llegar la noche es mejor estar en el campamento o tener una campana de extracción cerca porque no hay escapatoria. Al escuchar el sonido de las campanas, lo mejor es volver y ponerse a salvo.
En lo visual, el juego utiliza una vista isométrica vestida con oscuro estilo lovecraftiano que le da ese toque de terror y crea una atmósfera bastante inquietante. La ambientación está muy lograda; la primera vez que avanzas por los distintos escenarios, la sensación de inseguridad es constante y por ello la satisfacción es aún mayor cuando logras llegar a casa con un buen botín tras una expedición. Los personajes que encuentras en el viaje tienen unos retratos dibujados que están realmente bien. La dirección de arte es notable y aporta mucho al juego. En cuanto al sonido, también es algo que suma mucho a la experiencia; en ocasiones, simplemente prestando atención, puedes anticiparte a un peligro o descubrir un animal que será tu cena y te salvará cuando el medidor de hambre esté al mínimo.

El rendimiento ha sido correcto y, al menos durante mi partida, no he experimentado caídas de rendimiento ni errores inesperados. Aunque sí he echado en falta poder jugar con mando o en la Steam Deck. Estoy seguro de que le dedicaría muchos ratos libres si lo pudiera disfrutar en la comodidad de la portátil.
Peregrino es un survival notable, con una atención al detalle y una ambientación que te mete de lleno en su universo. Un juego único en su género, del que, si eres aficionado, estoy seguro te atrapará. Además, tiene un precio muy ajustado que ronda los quince euros (en el momento de publicar este artículo se encuentra rebajado), algo que termina de redondear una propuesta muy recomendable.